He perdido la cuenta del tiempo que hace que estoy haciendo gimnasia con una regularidad más que aceptable. Dieta... toda la vida. Precisamente a los 17 años ya empecé. Por lo menos, casi toda mi vida. ¡Qué hartante! Me conozco todas, bueno... casi todas la dietas habidas y por haber. Lo he probado casi todo, con mejor o peor resultado. Me dejo taladrar las orejas todas las semanas y pagando, para que esas agujitas y el régimen, bastante duro para alguien que disfruta comiendo y cocinando, obren el milagro. ¿Resultado? Bastante pobre. Decepcionante, diría.
He dejado de cocinar. Me refiero a preparar algo más que ensaladas y poco más. Yo que adoro hacer pizzas y panes... y postres, y platos donde cuantos más ingredientes entren, mejor es el resultado. Repito: disfruto tanto haciendo como luego comiendo. Ni hablar de mi pobre marido, tan gourmet como yo, con el mismo problema.
¡Cuánto sacrificio para estar más saludables! Ya no hablemos de la cuestión estética, que soy sincera, es la que más me importa. Luego, pensamos en el colesterol, los trigliceridos, la tensión, los riesgos de padecer todo tipo de trastornos de la salud. ¡Tantas amenazas!!!
Y entonces, estamos llenos de buenas intenciones, con toda la voluntad del mundo de alimentarnos bien y coherentemente. Rogamos que no nos inviten a ninguna boda o bautizo, ni siquiera a cenar a casa de nuestros amigos argentinos, donde la comida es, como dice una amiga española, con la que compartimos más de un almuerzo o una cena en Buenos Aires, ¡DENSA!
Muchas veces siento la tentación de dejarlo todo: la dieta, la gimnasia, todo eso que hago por obligación. Pero, inmediatamente me digo que ¡NO!!! Que no puedo abandonarme a la gula, a la gandulería, al "que me importa", porque si me importa!
El sábado tenemos invitados, y ASADO! Me he hecho el propósito de no comérmelo todo. Y ya tengo hambre... intentaré estar ocupada, lo más lejos posible de la parrilla, para no caer en la tentación de hacerme un "choripan", ni siquiera un "mini-choripan"... No se si lo conseguiré.