viernes, 16 de enero de 2009

No me gusta el frío. Y hace mucho frío. Odio estos días grises, son deprimentes. La noche del 6 de enero, nevó en Palautordera. El espectáculo desde mi ventana era mágico. La nieve caía y se iba depositando mansamente sobre el cesped, las barandas, la puerta del garage, los escalones, y era como una postal de Navidad que llegaba desde algún lugar muy distante. Por supuesto, busqué mi cámara, y saqué fotos para que esa noche diferente y blanca quedara para siempre en el recuerdo.

Pero si fue bonito de noche, más hermoso aún fue a la mañana siguiente. El blanco tan intenso de la nieve sobre las ramas de los árboles, vencidas por el peso, les daba un aspecto fantasmagórico.

Las ramas más peladas parecían dibujadas en blanco y negro y la calle estaba silenciosa, muy silenciosa...

Fue una experiencia muy hermosa. Pero sigo pensando que los días de invierno, sobretodo esos grises y lluviosos, son tristes. A pesar de que desde la ventana el paisaje sea como una postal...



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