Pero si fue bonito de noche, más hermoso aún fue a la mañana siguiente. El blanco tan intenso de la nieve sobre las ramas de los árboles, vencidas por el peso, les daba un aspecto fantasmagórico.
Las ramas más peladas parecían dibujadas en blanco y negro y la calle estaba silenciosa, muy silenciosa...
Fue una experiencia muy hermosa. Pero sigo pensando que los días de invierno, sobretodo esos grises y lluviosos, son tristes. A pesar de que desde la ventana el paisaje sea como una postal...
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